24.10.05



Para quien no haya oido hablar nunca de Vega de Magaz, el mismo nombre del pueblo le hará evocar la imagen de un pueblecito perdido en las montañas en mitad de ninguna parte, pero la realidad dista bastante de esa imagen idílica. En la actualidad el núcleo es un conjunto de casas, la mayoría deshabitadas, cerradas, consumidas por la humedad y el frio. Del pasado sólo conserva ese aire de grandeza, de señorío venido a menos.

Paseando por la calle principal se pueden oler aún los quintales de harina que salían de la fábrica, de aspecto grandioso y hoy apenas una sombra de lo que fue. Si se cierran los ojos y se hace un esfuerzo, puede uno imaginar los carros que allí llegaban, los que salían en todas direcciones... Los mayores aún se atreven a decir que aquel era un lugar importante, punto de encuentro, cruce de caminos.
Del antiguo Cine "Maria Cristina" apenas se aprecian hoy en la fachada las letras en negro difuminadas por la pintura que se desconcha y deja al aire la pared fría y abandonada de un edificio donde parece haberse parado el tiempo y hasta la escalera exterior está cegada por la vegetación que parece empeñarse en no dejar que nada ni nadie perturbe la memoria de ese santuario de sueños del pasado.

La estación de tren, hoy acompañada de un puñado de casas en el que podríamos denominar el barrio más poblado, ve pasar los convoyes a todas horas del dia y de la noche, imperturbable pero cansada. Poco a poco ha ido perdiendo su esencia, ha visto como se cerraban primero las viviendas de la planta superior, luego el despacho de billetes y la sala de espera. Lo que en su día fué una estación muy concurrida, donde pasajeros se confundían con mercancías hoy ha de conformarse con ver cómo dos o tres viajeros inclinan su cabeza ante sus puertas y ventanas rotas antes de subir al tren de las 12. Hoy sólo un reloj parado en una hora taurina recuerda que, a veces, los trenes llegan con retraso.

http://www.mcolacepeda.com/